Cuando recopilaba datos para la escritura de este artículo,
las referencias eran bastante estables. Los precios alcanzados en las subastas
iban en aumento regular pero parecía difícil superar el récord de hace dos
años, cuando se subastó un cuadro de Picasso en 104 millones de dólares
poniéndolo a la cabeza del listado. Antes que terminara el orden definitivo y
después de haber cotejado distintas fuentes todo se disparató.
En junio pasado un cuadro del pintor austriaco Gustav Klimt
fue vendido por la increíble cantidad de 135 millones de dólares, y este evento
asombroso ni siquiera ocurrió bajo los efectos de la típica fiebre que aumenta
al calor de una subasta, se trató de una compraventa entre particulares. El
magnate de la cosmética Ronal S. Lauder, hijo de la legendaria Esteé Lauder,
pagó por la obra maestra a una sobrina de la mujer retratada.
Desde luego se trata de un cuadro que tiene su historia, de
ésta y de la de su autor hablaremos a continuación, así como del español Pablo
Picasso y del holandés Vincent van Gogh, los otros dos lados de un triángulo
que forman los artistas cuyas obras monopolizan la cabecera de la lista de las
diez obras más caras del mundo. Tenemos, además de la pintura de Klimt, tres de
Picasso y otras tantas de Van Gogh, Renoir, Rubens y Cezánne se reparten las
posiciones restantes.
Gustav Klimt
Al terminar la II Guerra Mundial la familia intentó
recuperar sus posesiones y, aunque diversas obras fueron devueltas con
prontitud, se negaron a entregar los klimt. En el año 2000 iniciaron una
batalla legal y tras cuatro años de litigios fue aceptada por el Tribunal
Supremo de Estados Unidos la denuncia contra el gobierno de Austria. Se marcaba
aquí un precedente único, apenas en enero de este año un tribunal de arbitraje
austriaco dio la razón a la familia y los cinco cuadros fueron devueltos a sus
propietarios originales.
Tardó tres años en pintar el retrato de Adele Bloch-Bauer,
una mujer con una esmerada educación, asidua de los círculos culturales
vieneses y mecenas convencida. Algunas versiones apuntan que tal vez fueran
amantes, una de las muchas que desfilaron por su cama y por sus cuadros, eso
importa poco, el encargo sirvió al artista para poner de manifiesto su estilo
característico, un modernismo puro donde la línea y lo decorativo se
entreveran, el también llamado art nouveau en Francia o jugendstl en Alemania
se entremezcla con el simbolismo naciente que venía de Gauguin y los posimpresionistas.
En el cuadro combina una pequeña parte realista, hasta relamida, apenas rostro,
cuello y manos, con un diseño suntuoso, prácticamente abstracto, rico en
texturas y brillos que le dan al cuadro un aspecto de joya maravillosa, de ente
único lleno de expresividad y valor.
Pablo Picasso
(1881 - 1973)
Pablo Picasso (1881-1973) se había trasladado a París de
forma definitiva en 1904, es el final de la melancólica época azul a la que
seguirá la época rosa, entre ambas se encuentra este cuadro. Los personajes
desamparados y las escenas circenses serán sus motivos antes del cambio de 180
grados que supondrá el cubismo y el vanguardismo histórico. En los primeros
años del siglo XX surge Picasso como un artista renovador e inconforme,
hiperactivo, poseído por su genio y su personaje, gran amante, un artista que
ha encarnado para el gran público el pintor de vanguardia, obsesionado por la
evolución, por la originalidad, por el ir siempre más allá de lo previsto.
Daniel Henry Kahnweiler, uno de sus primeros galeros, no tenía duda: En el arte
este hombre rige nuestra época. Nuestro siglo es el siglo de Pablo Picasso. Es
cierto que en nuestra era ha habido otros grandes pintores y escultores, pero
él, más que ningún otro, ha sido el que ha abierto el camino.
Desde luego Picasso logró vivir siempre de su arte y a
partir de los años cincuenta bastante bien, y eso sin hacer ningún tipo de
concesión, ni en sus temas ni en sus ideas libertarias y pacifistas. Siempre
trabajó arriesgándose al máximo tratando de sacar de la experiencia creativa
una experiencia de vida y viceversa, eso se ve en sus cuadros, su enorme pasión
creativa, tal vez por ello su obra sigue teniendo tanta importancia y vigencia
en nuestros días. Cambió de estilo como de camisa pero en todas sus épocas es
reconocible, inconfundible más bien, y siempre proponiendo nuevos retos:
Ustedes esperan que yo les diga qué es arte. Si lo supiera, no se lo diría a
nadie. En la época que pintó este Muchacho con pipa Picasso no era todavía
conocido. Tras cuatro años de usar el azul para de algún modo mostrar que eran
cuadros antes que representaciones de algo en particular, como forma de
alejamiento de lo real, vuelve al color, el rojo del fondo parece anticipar
futuras búsquedas. Después vendrá el cubismo en sus diferentes formas y luego
su amplia trayectoria por libre o más bien como único miembro de su propio
movimiento. Para mí, el arte no tiene pasa do ni futuro. Cuando una obra no
consigue permanecer siempre viva, entonces no merece la menor consideración.
Vincent van Gogh
(1853-1890)
Vincent van Gogh (1853-1890) sólo pintó los últimos diez
años de su vida, y este cuadro del que hablamos es de aquellos meses de 1890 en
que la locura lo condujo finalmente al suicidio cuando se disparó en el pecho
tras terminar su postrer cuadro, un agitado paisaje de Auvers sobre el que
vuelan los cuervos. Esta obra la pintó no muchos días antes, es un retrato de
Paul Gachet, médico general del pueblecito donde Vincent pasó sus últimos días.
A diferencia de Klimt, van Gogh nunca conoció el éxito y el reconocimiento,
apenas malvendió un cuadro en toda su vida. Su hermano Theo, eterna conciencia
y apoyo, había acomodado al artista en una fonda bajo la supervisión del Dr.
Gachet, un gran aficionado al arte más renovador del momento, confiando en que
la traquilidad del campo mejorara el estado mental de Vincent.
En ese corto último decenio de su vida produjo miles de
obras, entre ellas unos cuatrocientos cuadros, pero nunca fue apreciado ni
siquiera comprendido por los artistas más avanzados de su época. Cómo iba a
pensar el pobre Vincent que, un siglo después, tres de sus obras estarían entre
las diez más caras del mundo. Pero ya lo decía Antonin Artaud, otro loco
maravilloso: Un día la pintura de van Gogh, armada de fiebre y de buena salud,
volverá para arrojar al viento el polvo de un mundo enjaulado que su corazón ya
no podía soportar. En una carta a su hermano Theo, Vincent escribe que en este
cuadro ha querido darle al Dr. Gachet: la triste expresión de nuestro tiempo.
La depresión se apodera de él, se siente una carga para todos, un inútil cuyos
esfuerzos no conducen a nada, pero no por eso deja de pintar ni un instante. No
debía perder ni un día, ni una hora. Otros pueden labrar pausadamente el tejido
de su existencia. El destino de Van Gogh era encenderse en su propio ardor,
consumirse ardiendo. Hay cuadros suyos,obras de una concentración sin par, que
fueron pintados en un solo día; violentamente, pero no a la ligera, pues su
desenfrenada pasión no se daba por satisfecha antes de encontrar la expresión
perfecta. La definitiva (Paul Westheim en Mundo y vida de grandes artistas).
Para concluir diremos que este artículo es más un
radiografía del mercado del arte en nuestros tiempos que un manual de
referencia especulativa. Por supuesto que existen obras más caras que las
mencionadas pero no están a la venta.



Comentarios
Publicar un comentario